Miriam Zamora
4a edición

“Puedes jugar en la plaza de tu pueblo, pero nunca podrás ser Messi o Cristiano Ronaldo"

Rachele Arciulo nació en Cori (provincia de Latina, Lazio) hace 25 años. Esta joven italiana, portera de fútbol sala del Jesús i Maria, equipo del barrio de Sant Gervasi de Barcelona, juega en el equipo des del 2016, cuando se vino de Erasmus a la capital catalana. Dos años después, mientras cursa un máster de Relaciones internacionales y cooperación y desarrollo con el objetivo de ser embajadora, Rachele se manifiesta “enamorada de Barcelona y de cómo se vive aquí, porqué la ciudad da las bases para hacer todo lo que quieras”.


Empecemos por el principio. Siempre has sido portera. ¿Por qué?

Yo empecé a jugar a fútbol con seis años en un equipo de niños, y era la única chica, como lo fui todos los años. Me encantaba jugar al fútbol en las plazas de mi pueblo con mis compañeros del cole y como siempre pasa, ningún niño quería meterse en la portería. Todos querían ser el Messi o el Ronaldo de ahora, todos querían marcar gol, pero a mí me encantaba tirarme. Siempre iba con sangre en las rodillas, pero me daba igual. Así que fui portera.


¿Tuviste algún rechazo por ser la única chica del equipo?

Yo jugaba con mis compañeros del cole, así que era lo mismo que veía cada mañana en mi colegio. Pero cuando íbamos a jugar a fuera, siempre me preguntaban si era un chico o una chica. Mi nombre es Rachele, y en Italia los nombres que acaban con e son de chicos. Así que cuando leían en mi camiseta Rachele, y nunca habían visto a una chica jugar a fútbol, me lo preguntaban.

De pequeña compaginaste el fútbol con otro deporte.

Sí, hacía ballet contemporáneo, porqué mi madre me decía: “juegas al fútbol y eres la única niña, ¿no puedes hacer también un deporte de mujeres?”. Para ella un deporte de mujeres era el ballet, así que tuve que hacer los dos. Cuando llegué a los 13 años dejé de jugar a fútbol, porqué sólo podía jugar con chicos hasta entonces y después no había más equipos. Así que seguí con el ballet.


¿Cuándo volviste a jugar en un equipo?

Con 18 años empecé a jugar a fútbol sala. El cambio fue bastante evidente, porqué de pequeña, en una portería gigante de fútbol 11, para parar una pelota me tiraba de cabeza. En fútbol sala es todo lo contrario, tienes que tirarte de piernas, es muy técnico y muy rápido. La suerte que he tenido es que con todos estos años de ballet iba al suelo como una bailarina.

¿Y cómo fue esa experiencia?

Estuve dos años con el equipo, donde era la única portera. El primer año perdimos todos los partidos, pero aprendí mucho porque era una lucha constante: no salía del campo sin heridas y sin haber luchado. Esto gustó mucho a un equipo que era bastante bueno, una sociedad con mucho dinero de Italia que estaba creando desde cero un equipo de chicas para ganar la liga. Así que me cogieron y ese mismo año fuimos campeonas. Empecé a ver un futuro en el fútbol sala y pensaba: “ostras, soy buena, puedo seguir con el fútbol, me gusta muchísimo y quiero que siga estando en mi futuro”.

Tanto fue así que cuando viniste a Barcelona, seguiste ligada al fútbol.

Cuando me cogieron para venir a Barcelona a hacer un Erasmus, tenía claro que no quería dejar el fútbol. Piensa que empecé a mirar los equipos que había aquí antes que mirar los exámenes que podía hacer en la universidad.

Te decantaste por el Jesús i Maria, de Sant Gervasi. ¿Cómo es el club?

Es un club religioso. Es un colegio de monjas que está en Sant Gervasi, y el equipo femenino existe desde hace unos cinco o seis años. Empezaron desde la tercera división, la más baja, y ese mismo año ganaron y subieron a segunda. Al siguiente año también ganaron y subieron a primera. Y volvieron a ganar y subieron a División de Honor. Yo entré cuando ya estaban en División de Honor, y el año pasado nos clasificamos a mitad de tabla. Son chicas que siempre han estado en este mismo colegio, así que tienen un compromiso con la filosofía y lo que representan, es un ambiente muy familiar. Tenemos un grito, cuando empezamos, que es "Un, dos, tres, Claudina". Claudina es la monja que fundó el colegio.

¿El objetivo es subir a Plata?

Totalmente. Esta temporada queremos ganar sí o sí, porque venimos de una temporada muy difícil en la que hemos cambiado tres veces de entrenador y también nos pasó algo muy impactante a nivel de equipo y de familia. Una compañera, una de las más pequeñas, tuvo una operación complicada y el volver a empezar todas a jugar pues fue bastante complicado.

Volvamos a Italia. ¿Cómo es la salud del fútbol femenino de allí?

En Italia no hay muchas chicas que jueguen ni a fútbol 11 ni a fútbol sala. Por este motivo, importamos chicas de España y de Sudamérica. De hecho, no existe fútbol base femenino sólo de chicas en Italia. Hay equipos mezclados, pero sólo hasta los 13 años. Después hay una liga de fútbol 11 no federada sólo con torneos a nivel regional donde no hay límite de edad, así que pueden jugar chicas de 18 años con chicas de 13. En general, no hay muchas chicas que jueguen al fútbol en Italia, porque desde pequeña no te plantean la posibilidad de jugar a fútbol si eres una chica. “Es un deporte de hombres”, insisten.

¿Qué propondrías para mejorar la situación?

Las sociedades tendrían que hacer campaña para que las chicas empiecen a jugar, crear equipos de niñas y dar la posibilidad a estas niñas de crecer y de mejorar cada año hasta llegar a un nivel alto, hasta el nivel de los chicos. Tampoco se da la posibilidad a las niñas de mejorar. Juegas hasta los 13 años y después ya está. Son muchos años perdidos entre los 13 y los 16 o los 18.

Además, sería oportuno invertir en el fútbol femenino, porque los equipos de chicas están teniendo muy buenos resultados. Un ejemplo: en Italia, la selección nacional masculina no se clasificó para el mundial, y la femenina sí. Y ni se ha hablado de esto. No se sabe ni el apellido de una sola chica que está en la selección. Y la nacional femenina de fútbol sala se creó hace dos años, antes no había. No estamos dando buenos modelos a las niñas pequeñas que de mayores quieren ser futbolistas. Les estamos diciendo: "puedes jugar con chicos hasta los 13 años, puedes jugar en la plaza de tu pueblo, pero nunca podrás ser un Messi o un Cristiano Ronaldo".

TIKI TAKA

¿Un ídolo?

Soy muy tiffosa de la Lazio y de pequeña estaba enamorada de Pavel Nedved.

¿Tu portera favorita?

Claramente, Hope Solo, la portera de la nacional estadounidense. Me encanta. Tiene una técnica muy fina, y no sólo hace cosas buenas en el campo, también las hace fuera. Es embajadora del fútbol femenino y está luchando para igualar el salario entre chicos y chicas.

¿Y de fútbol sala?

Me gusta Gabriella Tardelli, que es de Brasil, pero está jugando en Italia desde hace unos años y, de hecho, es la portera de la Nacional italiana. La llaman leopardo porque juega muy, muy baja con las piernas y es muy rápida. Me encanta su manera de jugar.

¿Un deseo?

Que el fútbol femenino tenga más visibilidad aquí en Catalunya, porque tenemos nivel. Lo damos todo en el campo y pienso que las niñas deben ver que somos mujeres luchadoras y que este no es un deporte sólo de hombres. Estamos a la altura, simplemente no nos han dado las oportunidades de llegar. [...]